martes, 15 de enero de 2019

MUERTE ASISTIDA

Me despierto cinco o diez minutos antes
de que suene el despertador,
aguanto el tipo
como una gacela que sabe que va a morir
rodeada por leonas,
y no pienso levantarme ahora,
la vida no está como para regalar
ni la décima de un segundo,
por eso
quiero seguir donde lo he dejado,
me quedo quieto con los párpados cerrados,
divagando con cualquier tema
que se me pueda ocurrir,
pero al final
siempre llega el mordisco en la yugular:
la alarma
termina por sonar.

Después
saco los pies de la cama
y voy ejecutando todo lo que he aprendido
como un software operando ordenes:
me ato los zapatos,
arrojo agua en mis pupilas,
y cosas por el estilo,
preparándome
para salir a la calle.

Llevo años funcionando de este modo
de lunes a sábado,
la mente y el cuerpo asumiendo,
adelantándose a las circunstancias
sin que yo se lo haya pedido,
el fin de semana
se ha reducido únicamente a Domingos
y es como estar dormido,
un sueño,
por eso
ellos no cuentan en esto
de seguir caminando hacia la muerte
como se acaricia a un gato:
cariñoso
y lento.





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miércoles, 2 de enero de 2019

NADA DE PROFETAS

Hay una gran mayoria
luchando,
enfrentada con las fauces de la bestia,
y yo,
ni mucho menos soy el mejor
o peor hombre del planeta.

Esta noche hace un oscuro horrible,
no hay estrellas
en las que poder hincar los ojos,
y se muy poco de astros,
constelaciones o zodiacos.

El reloj sigue tocando hasta las doce
y vuelve a comenzar desde cero:
la una, las dos, las tres...
así sucesivamente.

Pese a la oscuridad siempre hay ruido
por mínimo que este sea,
la calle nunca duerme,
el frigorífico tampoco,
y todo se resiente,
los muebles
crujen.

Doy fe y otro trago a la cerveza,
quizás haya esperanza después de todo,
algún lugar donde poder escuchar
algo verdaderamente bueno.

Mientras tanto:
el hombro amigo por ahí,
pareja estable,
o sencillamente vicios
como drogas, alcohol,
y sexo furtivo de ida y vuelta.

Blues en la cabeza,
monstruos en el corazón,
una combinación terrible
tocada a un ritmo sádico y lento,
quizás algo más parecido al jazz,
nada brillante,
nada magnífico.

Un desastre
del que nadie parece ser consciente,
con los pantalones puestos
fabricados a medida de viandantes
en busca de una medalla concluyente.

Bailamos hechos monstruo,
con un blues penoso encima,
o un intento fallido de jazz,
como ranas decapitadas
pariendo geniales oficinistas,
mujeres perfectamente conjuntadas,
coches a estrenar,
gritos en el supermercado
junto a ofertas engañosas,
y chicos rascandose las pelotas
en la calle principal
a las cinco en punto de la tarde.

El tiempo
aflojando las manecillas
a toda velocidad,
día tras día,
otro,
otro,
y otro,
y
otro más.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

DE VUELTA

No tengo dudas,
las tecnologías avanzan a toda velocidad,
recuerdo no hace mucho
esos viajes con una o dos pantallas
con película para hacer ameno a todo un autobús,
o sencillamente
la radio encendida con clásicos de los ochenta,
hoy día en cada plaza
se dispone de una pantalla individual
adosada al cabecero de enfrente,
es una especie de ordenador,
con música,
películas a la carta,
pasatiempos,
etc.
En cambio el lado humano
parece estanco en el tiempo,
apenas encuentro diferencias con el viejo homínido,
tenemos al primate número uno
bajando el respaldo del asiento al máximo,
el primate número dos
conversa a viva voz con el teléfono,
y a la contra
la pareja de primates discutiendo bajito,
cada uno intentando imponer su razón,
educados, disciplinados,
y tanta cordialidad me provoca nauseas,
es como un debate de estreñidos
aguantando su mierda adentro.

He podido dormir cuarenta minutos de una sola vez,
el cuello está agarrotado
y ya tenemos a la noche encima,
aprovecho para echar un vistazo a la carretera
con su espectáculo de faros
y enormes farolas sucediéndose unas a otras,
y la Luna majestuosa
cortada por unas nubecillas grises
como una toma en blanco y negro al estilo Luis Buñuel.

Bostezo,
me hurgo las narices otro poco
y escribo un poemita sencillo,
claro,
sin trampas,
como los que me gusta leer,
nada barroco,
una pequeña historia
construida verso a verso,
y el abrigo arriba,
la maleta abajo,
la ciudad a tres cuartos de hora,
la estación esperando,
el hogar en calma,
la rutina en marcha,
y a la mierda
las vacaciones.

viernes, 21 de diciembre de 2018

SPACE INVADERS

Me fascinan
los megamillonarios
viajes
espaciales
de la NASA,
y a la vez
los odio
profundamente,
hay cosas más importantes
antes
que dedicarse
a los marcianitos,
pero para cualquier amante de la tecnología
soy un idiota analfabeto,
que una cosa no quita la otra,
que lo invertido nos repercute favorablemente,
lo de siempre,
yo no termino de creerlo.

Invadir otro planeta
para destruirlo
como hemos hecho con el nuestro,
jugar a ser Dios
como un grano en el culo,
y no he tenido el placer,
pero puedo imaginarlo,
mientras aquí
todo está hecho mierda,
y la gente
muriendo de hambre.

- ¡Houston!,
tenemos un problema-.
Ya lo creo que sí.

LA LOTERÍA

Compré un décimo hace dos semanas,
69227 serie 51,
lo cierto es que el número me gusta
y yo nunca me fijo en esas cosas.
He estado fantaseando con la posibilidad
de que me llegue a tocar una buena suma.
- Un pequeño pellizco y listo.- Me digo.
Con que dé para un pisito en la periferia
y coger la jubilación definitiva
me basta,
estoy hasta las narices del trabajo,
y quién no,
solo deseo tiempo libre,
levantarme a las 12
y hacer mis cosas,
y pasear entre semana
sin ninguna preocupación de horarios,
pagando las facturas concienzudamente al día.

Caminaré con una sonrisa de oreja a oreja
y los ojos bien vidriosos,
sonará un saxofón tristón a mi espalda
acompañado por piano
junto a la voz cavernosa de Tom Waits,
parecerá el final emotivo de un largometraje,
y todos aplaudirán a mi alrededor,
eufóricos y emocionados,
levantados de sus butacas,
y yo extenderé los brazos girando sobre mi mismo,
gritando repetidas veces:
¡SOY LIBRE!, ¡SOY LIBRE!, ¡SOY LIBRE!,
aunque en el fondo sea mentira,
nadie lo es,
ni con todo el oro del mundo.

Vestiré con americana,
chaleco,
pantalones,
zapatos,
y hasta pajarita,
todo de blanco marfil,
y me creeré
el vivo reflejo de un ángel uniformado
en medio del caos.
Llevo toda una semana pensándolo,
dándole vueltas al coco,
aun a riesgo de parecer un gilipollas,
he llegado a barajar posibilidades dispares
no demasiado ambiciosas
en las que incluía:
mesa de billar,
taller propio,
y por supuesto
piscina.

Mañana es el gran día,
22 del 12,
el sorteo de navidad,
y todos
estaremos con la oreja pegada al transistor,
escuchando el veredicto:
si la condicional
o la perpetua.
Y sé que a los condenados sueños
nunca les da por cumplirse,
pero que carajo,
todo sea por este buen rato,
y si quieres
puedes aprovechar a decirle a tu pareja:
- Cariño, a mi ya me tocó la lotería contigo.-
O a tu madre,
o a tu perro,
o a la cucaracha que mordisquea
tu bocadillo.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

DECAPITANDO LOS SETOS

Siempre hay algún cabrón
jodiendo el día,
y tú mismo lo puedes ser
con una tos mal curada,
y asesinatos por navidad
en televisión, 
radio, 
periódicos, 
internet, 
todos hablando de lo mismo,
otra joven desaparecida.

Y te echas,
tratando de dormir 
y no pensar en nadie, 
la siesta a veces
arregla cosas, 
otras 
absolutamente nada.
Y despiertas,
no por golpes
desmigando ladrillos viejos,
ni gritos, peleas en la calle,
o conductores desesperados
tocando la bocina,
o el bus abajo superando el límite
de decibelios permitidos, 
únicamente
alguien anda manejando una motosierra,
y ese hijo de puta
lo esta dejando bonito.

Y la televisión, 
radio, 
periódicos, 
internet, 
continúan 
defecando,
al parecer
ya tienen al asesino, 
basura reincidente,
Y la motosierra 
continua sonando 
en el lugar equivocado,
desperdiciada 
del todo,
porque siempre 
hay algún cabrón
ahí afuera,
dispuesto 
a joderte el día.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

TRATANDO DE COGER SUEÑO

Ella grita,
él balbucea,
es un calzonazos,
amable,
y de bueno
tonto,
de esos
que tratan como sea
sacar un poco de conversación
en el rellano,
o unas palabras rápidas en el ascensor
justo antes de adentrarse
en su infierno personal.

En su casa es un cero a la izquierda,
y no se trata de superioridad,
ni de quién lleva los pantalones,
machismo o misoginia,
invierte los papeles si hace falta,
lo entenderás mucho mejor.
Simplemente,
respeto mutuo,
amor propio,
dignidad,
pero allí
nada de eso.

Los tengo encima
discutiendo,
son más de las once
es siempre la misma cantinela,
trato de dormir,
y ellos
con su juego sado,
todo muy turbio,
al menos
no pasa de ahí.

La mujer pone puntos sobre las íes
despachando,
recriminando,
histérica,
con aires de jefa
pisa cuellos,
y así
no hay quien duerma.

Los escucho
con una claridad indeseable,
asqueado,
y tengo el audio,
la imagen
me la invento:
ella rebuscando en el armario
mientras repite la palabra inútil más de cuatro veces,
él sentado en el escritorio del despacho
con la corbata floja,
parapetado tras un par de DIN A4,
asumiendo el chaparrón
como un escuálido perro callejero,
humillado,
triste,
y las orejas gachas,
preparado
para otro correazo.